Conclusiones

La incorporación de la evaluación no debe suponerse como un mecanismo de destrucción para el desempeño de los estudiantes en el aula, sino más bien como un medio por el cual podemos obtener aspectos que se deben trabajar con mayor dedicación, respondiendo a las necesidades de los alumnos, y permitiendo el desarrollo de procesos de aprendizaje y buen desempeño académico que por medio de las prácticas educativas les permita formarse como sujetos éticos. 

Las dos formas de evaluación que se mencionan son diferentes, pero de igual manera buscan mejorar el aprendizaje de los estudiantes y adaptarlas a sus necesidades. La evaluación formativa está enfocada en un trabajo en equipo entre docente y estudiante, así el estudiante forma gran parte de su aprendizaje y en el caso de la evaluación diagnóstica es el docente quien propone las estrategias para evaluar; eso si estas estrategias se adaptan a las diferentes habilidades que tienen los estudiantes.

Se evalúa en la cotidianidad de la clase, se debe ver a cada niño como un ser social e individual miembro de un colectivo y para lograr que nuestra evaluación sea óptima debemos recaudar suficiente información y aplicar técnicas o instrumentos que nos permitan recolectar dicha información de manera precisa y concisa, pero por sobre todo se debe brindar no solo un seguimiento sino un acompañamiento tanto al estudiante como a las familias. 

Todos y cada uno de los procesos educativos que se realizan dentro de un aula por parte de la persona docente, son importantes, ya que forman, estimulan y propician un buen e integral desarrollo en las personas menores de edad; y las evaluaciones son parte de ello. El poseer el conocimiento de los hitos del desarrollo es clave para una buena labor docente.

 

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